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La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia

La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia [GenB]

A mediados de los años noventa, La Máscara se convirtió en uno de esos éxitos de taquilla que la gente de mi generación comentaba durante los recreos. Arrasó en los cines y fue emitida innumerables veces en televisión. Teniendo en cuenta de que Internet a nivel doméstico no había llegado a la mayoría de las casas y que la información por aquel entonces llegaba mucho más tarde que en la actualidad, en muchos sentidos, ese metraje se convirtió en nuestra única referencia del personaje. Lo cierto es que tampoco había motivos para pensar que existiera otra versión, y no una cualquiera, sino algo bastante perturbador con respecto a lo que conocíamos. Pero sí, la hubo, y resulta que era en la que se basó el filme y no al revés.

Por aquel entonces, para muchos de nosotros, La Máscara simplemente era la historia de Stanley Ipkiss, un empleado de banca bastante tímido y con poca ambición, que una noche encuentra una misteriosa máscara que es capaz de convertirlo en un personaje extravagante y con una especie de poderes que le permite hacer todo tipo de situaciones disparatadas. Una comedia ligera y con un toque de cine de acción noventero, en realidad, no era nada del otro mundo, pero que resultó dar con la tecla en una década en la que el público acogía muy bien este tipo de contenido. Qué diablos, a todos los que éramos unos chavales en esa época nos flipó. Sin embargo, pocos saben que este personaje nació en un cómic muy distinto a lo que vimos en las pantallas de cine, ya que su origen real es una historia oscura, sangrienta y cargada de gore y violencia gráfica.

La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia [GenB]

El personaje debutó en 1989 dentro del cómic Mayhem #1, y poco después comenzó a protagonizar sus propias historias publicadas por Dark Horse Comics. Creado por Mike Richardson y desarrollado por John Arcudi y el dibujante Doug Mahnke, The Mask llamó la atención por ofrecer algo que prácticamente ningún otro cómic había mostrado en aquella época: mezclar la locura visual de los dibujos animados clásicos con un nivel de violencia completamente desatado.

La premisa fue tan sencilla como brillante. La máscara otorgaba a quien se la ponía habilidades prácticamente ilimitadas: podía cambiar de forma, sobrevivir a cualquier ataque, sacar armas de la nada o desafiar todas las leyes de la física, igual que Bugs Bunny o el cualquier personaje de los Looney Tunes. La diferencia era que aquí las consecuencias eran reales. Los disparos atravesaban cuerpos, las explosiones despedazaban enemigos y las bromitas terminaban con litros de sangre y desmembramientos. Esa combinación entre humor absurdo y gore no sólo se convirtió en la identidad del cómic, sino que atrajo a mucho público juvenil y adulto.

La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia [GenB]

Stanley Ipkiss también era un hombre tímido, inseguro y constantemente humillado por compañeros de trabajo y quienes le rodean. Pero cuando encuentra la máscara se transforma en Big Head, un auténtico psicópata dispuesto a vengarse de cualquiera que se cruce en su camino. No busca hacer justicia ni convertirse en un héroe, como así lo intentaron en la serie animada The Mask: The Animated Series (1995), inspirada directamente en la película. En su origen, simplemente deja salir todos los demonios e impulsos violentos que llevaba reprimidos en su interior. El resultado es una espiral de asesinatos tan salvajes como imaginativos y cutres en ocasiones, narrados siempre con un retorcido sentido del humor.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es que Stanley nunca fue el único protagonista. A medida que avanzaba la serie, la máscara iba pasando de mano en mano. Mafiosos, delincuentes, policías o ciudadanos aparentemente normales acababan encontrándola y utilizándola para fines completamente distintos. De esta manera, los autores exploraban una misma idea desde diferentes perspectivas: la máscara no convierte a las personas en malas o buenas, sino que amplifica lo que ya existe en su interior, eliminando cualquier límite moral.

Más allá del espectáculo gore, el cómic también funcionó bastante bien como una sátira sobre el poder y la naturaleza humana. ¿Qué haría una persona corriente si de repente fuera prácticamente invencible y supiera que nadie podría detenerla? Esa pregunta se nos presenta durante todos los capítulos, algo similar a lo que harían años más tarde Garth Ennis y Darick Robertson en The Boys con su personaje: Homelander (El Patriota en España).

La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia [GenB]

Cuando New Line Cinema decidió adaptar el cómic, el proyecto pasó por varias versiones. En un principio se planteó como una película de terror y mostrando abundante violencia, aprovechando que el estudio tuvo un gran éxito en el género una década antes con la saga Pesadilla en Elm Street (1984). Sin embargo, el director Chuck Russell propuso cambiar radicalmente el enfoque y convertir la historia en una comedia protagonizada por Jim Carrey, un actor ya conocido por su enorme talento en la expresión corporal. Esto, finalmente, dejó uno de los momentos más exitosos en la carrera del actor canadiense, estrenándose también ese mismo año: Ace Ventura, un detective diferente y Dos tontos muy tontos. Pero lo cierto es que La Máscara fue uno de sus mayores éxitos cinematográficos de 1994.

La Máscara: del gore y la violencia del cómic a una comedia para toda la familia [GenB]

Aunque mantiene personajes y similitudes del cómic —Stanley Ipkiss, la máscara, el mafioso Dorian y algunas escenas están inspiradas en las viñetas—, el tono cambia por completo. El Stanley de Carrey no se convierte en un asesino psicópata, sino en una especie de personaje travieso, pero que alberga en el fondo un buen corazón. Sus actuaciones no tienen consecuencias mortales y no es movido por la ira ni el rencor, aunque sí el egoísmo y la avaricia en un principio. La película también se centra principalmente en la historia romántica con Tina Carlyle (Cameron Diaz) y convierte a La Máscara casi en un antihéroe, muy alejado del sádico perturbado que aparece en los cómics. Todo está orquestado para convertirlo en un producto apto para un público mucho más familiar.

La comparación entre ambas versiones resulta curiosa porque parten exactamente de la misma idea: una misteriosa máscara que potencia la verdadera personalidad de quien la lleva. En el cómic, ese poder representa la corrupción absoluta, la pérdida del control y un festival de violencia, sangre y humor negro. La máscara no distingue entre héroes y villanos; simplemente elimina cualquier freno y deja que aflore el lado más oscuro de cada individuo En la película, por el contrario, la máscara simboliza la liberación emocional de un hombre reprimido. El resultado es una aventura colorida, optimista y repleta de referencias a los dibujos animados clásicos, donde el caos siempre está al servicio de la comedia y no de la furia.

Paradójicamente, ambas versiones funcionan precisamente porque no intentan contar la misma historia. Una es un cómic de terror para adultos con abundantes dosis de gore; la otra, una de las comedias más recordadas de los años noventa, que rara vez faltaba en los fascículos de colección Cine Familiar en los quioscos.

 

DaviOne
DaviOne

15 de julio 2026

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