Perder el tiempo: el último acto de rebeldía del siglo XXI
Si la sola idea de "perder" una tarde te hace sentir incómodo, no significa porque seas una persona vaga. Porque el simple hecho de que nos hayan acostumbrado a decir que estamos perdiendo el tiempo, ya denota un error de base. Probablemente sea porque llevamos tanto tiempo escuchando que cada minuto debe ser rentable que hemos terminado creyéndolo. Nos han convencido de que descansar es un lujo, aburrirse, un fracaso, y no hacer nada es un pecado capital.
Tengo la sensación de que, en los tiempos que corren, tenemos que justificar cada segundo de nuestra existencia, vendiendo el simple hecho de vivir al capital. Si no produces, estás perdiendo el tiempo. Si no aprendes una habilidad nueva, has desaprovechado el día. Si no conviertes tu hobby en un negocio, eres poco ambicioso. Si no monetizas aquello que te apasiona, alguien acabará diciéndote que estás dejando escapar la oportunidad de tu vida. Y si decides, sencillamente, no hacer absolutamente nada durante un día, genera un injusto sentimiento de culpa que cada vez está más extendido entre la humanidad.
Resulta curioso que nunca en la historia hayamos tenido tantas herramientas diseñadas para ahorrarnos trabajo y, sin embargo, nunca nos hayamos sentido tan culpables por descansar. ¿Curioso, verdad? Usamos los móviles para responder correos fuera del horario laboral, la inteligencia artificial redacta textos por nosotros, las aspiradoras limpian solas, hacemos gestiones bancarias desde el sofá y compramos sin salir de casa. En teoría, todo eso debería habernos regalado horas de libertad. Pero, por alguna razón, ocurre justo lo contrario. Ese tiempo no ha desaparecido; lo hemos rellenado con nuevas obligaciones que nos autoimponemos gracias a la presión que ejerce sobre nuestros cerebros la constante sobreestimulación a la que estamos sometidos. No hay ni un segundo de descanso. Aprovechamos los trayectos en transporte público para escuchar podcasts o avanzar con la serie que nos obligan a llevar al día para evitar los temidos spoilers, incluso esa estúpida dinámica de ver las series a doble de velocidad para poder abarcar más y más en el menor tiempo posible. La subnormalidad por bandera en este nuevo siglo. Pero también leer un libro deja de ser un momento placentero para quedar a merced del consumo de contenido rápido en redes sociales y viajar ya no consiste en conocer lugares, sino en generar contenido para las redes sociales a la espera de las recompensas en forma de likes. Incluso cocinar parece haber dejado de ser un acto cotidiano, incluso relajante, para convertirse en una oportunidad de construir una marca personal. Hasta una siesta es motivo de crítica. Hasta ahí podíamos llegar.
Detrás de todo esto hay una idea profundamente arraigada: nuestro valor depende de lo que producimos. No importa demasiado quién eres, cómo tratas a los demás o si eres capaz de disfrutar de una tarde tranquila viendo llover. Lo que te define es tu rendimiento. Es una lógica extraordinariamente útil para un sistema económico que necesita trabajadores siempre disponibles y consumidores permanentemente insatisfechos. Porque una persona tranquila consume menos, es obvio. Alguien que sabe aburrirse necesita menos estímulos. Una persona feliz con poco resulta mucho más difícil de convencer de que necesita comprar algo para sentirse completa. Alguien capaz de pasar una tarde tirado en el sofá es un cliente bastante incómodo para un mercado que necesita mantenernos ocupados y deseando constantemente consumir.
La productividad como símbolo de la civilización en pleno 2026. Ya no trabajamos; somos trabajadores. Ya no tenemos aficiones, sino proyectos. Ya no descansamos; recargamos energía para seguir siendo rentables un día más.
Las redes sociales han terminado de rematar este proceso. Ya no basta con ir a un concierto: hay que grabarlo, editar vídeos, publicar historias, responder comentarios y comprobar cuántas visualizaciones ha conseguido el contenido. Es perfectamente posible volver agotado de un fin de semana cuyo único propósito era descansar. Incluso echarte unas partidas a videojuegos, una actividad que durante décadas fue considerada una pérdida de tiempo por muchos adultos —y esto lo recuerdo muy bien de mi infancia—, está, de algún modo, siendo de nuevo absorbida por esta mentalidad. Cada vez hay más gente incapaz de terminar una película sin mirar cincuenta mil veces el teléfono móvil. No porque la película sea mala, sino porque nos han generado una adicción a la dopamina del consumo rápido que es totalmente incompatible con concentrarse y disfrutar en una sala de cine o en la comodidad de tu casa.
Conviene recordar que las vacaciones pagadas, las jornadas laborales actuales, los fines de semana y los descansos fueron conquistas logradas tras décadas de huelgas y reivindicaciones. Costaron movilizaciones y enormes sacrificios a quienes estuvieron antes que nosotros. Sin embargo, hoy somos nosotros mismos quienes muchas veces entregamos gratuitamente ese tiempo. Nos autoexigimos creyendo en esa libertad que nos venden, cuando la realidad es que no es más que miedo. Miedo a quedarnos atrás, al qué dirán o a sentir que nunca hacemos suficiente. Que les den.
Puede que la verdadera rebeldía de nuestro tiempo no consista en levantarse a las cinco de la mañana para ir al gimnasio antes de trabajar. Quizá el gesto realmente revolucionario sea mucho más sencillo: apagar el móvil, tumbarse en el sofá, mirar el techo, no responder los mensajes de WhatsApp y negarse a justificar cada minuto de nuestra propia existencia. No necesitamos producir constantemente para merecer existir.
Tal vez nunca haya sido tan necesario reivindicar el derecho a perder el tiempo. Porque aprovecharlo para hacer lo que tú quieres, jamás se podrá considerar perderlo.
![Perder el tiempo: el último acto de rebeldía del siglo XXI [GenB] Perder el tiempo: el último acto de rebeldía del siglo XXI [GenB]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhazA1q2C7v7BX2e4D_gAAgC4uAY0PmnvfGe_zcSs-qZVpk_IpA-CJ3B36iw9oFY19gHwXT5VZpDX3VEUiEqpSnZ8e1Kt3MY93wY0_9fSMFaxoDfoesvupBIM8IeJATcWNqLwhk4lLowQoIkQqxIiosM6dlI9yIjXKfN2KnuVZJ0svnIS2lQRek3gs71gE/s1600/eltiempo.png)
![Perder el tiempo: el último acto de rebeldía del siglo XXI [GenB] Perder el tiempo: el último acto de rebeldía del siglo XXI [GenB]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhKmWU4aoK6tou30UVDEgllmqNG46eD-1cdLpCJT3ujmgPYJLoOgWLSMlM61wElT0mE8O5wEj8Ez04XlZEJO5GD8wiGiiRLV_pPRufPxLWkQIW5ZP0vgk3z7ftE2ju_iGRO54iOoeyfiVI4MWXba1OwBTZTOwv54rumbttpqUcXgUF1LZZDgiWjws-is0A/s1600/tiempo2.png)

No hay comentarios