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Masacre. Ven y mira (Come and See): La película bélica más perturbadora de la historia del cine

Masacre. Ven y mira (Come and See): La película bélica más perturbadora de la historia del cine [GenB]

Hay películas que solo entretienen, otras que conmueven y, de vez en cuando, obras maestras que alteran la psique del espectador. Masacre. Ven y mira (Idi i smotri, 1985), dirigida por el soviético Elem Klimov, pertenece sin duda a esta última categoría. Considerada una de las mejores películas bélicas de la historia del cine, es también considerada una de las experiencias más aterradoras, perturbadoras y desoladoras jamás filmadas. Lejos de las ya conocidas historias del heroísmo cinematográfico a las que Hollywood nos tiene acostumbrados, este largometraje es un documento de pura pesadilla sobre la destrucción total del ser humano.

Creo que también es conveniente contextualizar el estreno de la película en 1985 dentro de su propio marco histórico, coincidiendo con el ascenso de Mijaíl Gorbachov y el inicio de la política de la Perestroika y la Glasnost. Lejos de ser una simple obra disidente, Come and See demostró una enorme madurez artística y la admirable valentía moral de la industria cultural soviética, financiada por el estudio cinematográfico Mosfilm, la gran casa cinematográfica del país, que albergó a lo largo de décadas la creación de obras cumbre del séptimo arte universal que compartían el famoso ADN vanguardista, al igual que el profundo compromiso ético de la cultura soviética y que, por cierto, sigue actualmente en activo. Entre los títulos importantes a lo largo de más de un siglo de existencia de la productora y distribuidora, podemos destacar el célebre y brillante film: El acorazado Potemkin (1925) de Sergei Eisenstein —también asociado al legado de los grandes estudios nacionales—, una obra con la que Masacre. Ven y mira guarda cierta conexión espiritual. Al igual que Eisenstein revolucionó el lenguaje cinematográfico con el montaje de atracciones (el uso de estímulos agresivos para generar un choque emotivo en el espectador), así como el uso expresivo de las imágenes para conmover y politizar a las masas (como en la secuencia de la masacre de la escalinata de Odessa), Klimov heredó y radicalizó esa misma maestría en el montaje y la crudeza visual en su película sesenta años después, transformando la herencia del cine clásico soviético en un grito moderno contra la barbarie y en un monumento a la dignidad humana. 

En un país que había sufrido un sacrificio supremo para derrotar al fascismo —aportando la mayor parte de las vidas humanas y logrando la victoria histórica en la Gran Guerra Patria—, el cine soviético utilizó esta plataforma para cumplir con un profundo compromiso ético y antifascista. Lejos de edulcorar el conflicto con triunfalismos baratos, como sí lo han hecho en incontables ocasiones desde EE. UU., la Unión Soviética permitió y respaldó una mirada más artística, honesta y desgarradora que elevó la memoria colectiva de su pueblo, rindiendo un homenaje total a la resistencia heroica de los partisanos y a la dignidad de una nación volcada en sanar las heridas de la tragedia humana que quizá nunca han dejado de sangrar.

Masacre. Ven y mira (Come and See): La película bélica más perturbadora de la historia del cine [GenB]

La historia sigue a Fiódor (Florya), un joven bielorruso que, impulsado por el romanticismo juvenil y muchas ganas de aventura, encuentra un viejo fusil y se alista en los partisanos soviéticos para combatir a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Al principio, Florya es un muchacho risueño, lleno de vida y con una sensibilidad casi infantil. Sin embargo, su bautismo de fuego se convierte rápidamente en una bajada en picado a los confines más profundos del infierno. Tras ser abandonado por su propio batallón en el bosque, regresa a su pueblo natal solo para descubrir la macabra y cruel realidad: los nazis han arrasado la aldea y masacrado brutalmente a todos sus habitantes.

Lo que realmente lleva a Come and See a la cumbre del cine bélico más perturbador no es solo la crudeza de los hechos que narra, sino la forma en que su director decide contárnoslo. La barbarie nazi no se muestra como un espectáculo desagradable rodado con simples secuencias de acción, sino como una maquinaria burocrática, fría, sádica y profundamente deshumanizada, donde las escenas alcanzan una dureza extrema (como en la escena de la quema de la iglesia con los aldeanos dentro, que nos genera un malestar indescriptible, alcanzando una tensión insoportable y malsana). El auténtico foco de la película se sostiene sobre el rostro de horror y la progresiva degradación física y psicológica de Florya, interpretado por el por aquel entonces joven Aleksey Kravchenko con una exquisita capacidad para reflejar cómo su mirada inicial, llena de esperanza por la vida, poco a poco se convierte en la de un anciano traumatizado. Un viaje sólo de ida al terror y locura prematura hacia el averno. Todo ello se ve amplificado por una inquietante inmersión sensorial, en la que Klimov utiliza primeros planos asfixiantes, movimientos de cámara bruscos y un diseño de sonido magistral, al igual que ensordecedor; los silbidos de las bombas, el repulsivo zumbido de los insectos, los disparos y los pitidos en los oídos del protagonista, que nos aíslan por completo de todo lo demás, haciéndonos sentir presentes y casi partícipes de ese horror.

Masacre. Ven y mira (Come and See): La película bélica más perturbadora de la historia del cine [GenB]

El título de la película proviene del Apocalipsis de San Juan (Apocalipsis 6:7-8), donde alude a la frase bíblica que sirve como invitación para contemplar los horrores, la desolación y la destrucción traídos por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. En cada uno de los tramos de la película, el filme nos invita a abrir los ojos ante las atrocidades reales cometidas en Bielorrusia, donde los nazis destruyeron cientos de aldeas y masacraron a su población civil.

Klimov, quien de niño vivió los horrores de la guerra, filmó esta película no como un ejercicio de ficción, sino como un monumento a la memoria de las víctimas y una advertencia a las futuras generaciones.

"Esta película la hice basándome en mis propios recuerdos de infancia... Quería hacer una película que aterrorizara, que hiciera que la gente vomitara la guerra, que destruyera sus raíces." — Elem Klimov.

Ven y mira no es una película fácil para el espectador. Considerada de manera casi unánime por la crítica especializada como la película bélica más perturbadora de todos los tiempos, ofrece un visionado tan exigente, doloroso y emocionalmente agotador que resulta, al mismo tiempo, profundamente necesario. En mi opinión es, junto con La tumba de las luciérnagas (1988) de Isao Takahata, una de las experiencias cinematográficas más desoladoras jamás filmadas.

Frente a la maquinaria de Hollywood, que reduce en ocasiones el sufrimiento bélico y humano a un entretenimiento mercantilizado, la obra maestra de Klimov se muestra como una alternativa cruda y directa. No busca el aplauso, sino remover nuestra conciencia para recordarnos, sin anestesia, la verdadera cara del terror y la oscuridad más profunda de la humanidad.

 

DaviOne
DaviOne

22 de julio 2026

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